POEMA A CRISTINA:





Hoy que no te has quedado, que escribes sobre inciensos, que no puedes pronunciarme. Muy a pesar de todos los orgasmos que me causan tus palabras, como dedos que escrutan y escriben poemas sobre este placer doloroso. Muy a pesar que en la noche a quien llamo es a otra, recitándote, rehaciendo todas tus palabras. Porque cuando digo: iglesia recién iluminada, digo deseo, y juego a ser Sabines, a ser dios. Y recito "Ella" para desnudarte, para regresarte a esta única noche, donde no estás. Pero tu mirada se sostiene en mi muerte y no importa. Porque al sur de tu cuello vaga una boca que desea tu palabra. Pero esta noche no te digo te quiero, queriéndote, como si toda mi vida fuera en tu busca.  

 Temblor de mi cuerpo inmutable.

Después de hacerme el amor frente al cuadro de Paul sin terminar, como frente al espejo de un libro cuyas palabras excitan y duelen, retengo un poema tuyo: "Con la felicidad no se puede hacer nada, no se puede escribir poemas, no se puede trabajar, no se puede hacer el amor, no se puede trabajar, no se puede ganar dinero." Cristina Peri Rossi. Rehago una estrategia digna de una teoría revolucionaria: Estetizo el original sangrante de tu cuerpo, que idolatra, que memoriza. El envés de una violencia obligatoria cuando falta la libertad de tocar.
Sólo escribo poemas cuando estoy triste, te dije; pero siempre estás triste, me has dicho. Menos cuando tu cuerpo es más, cuando tu cuerpo se conjuga solo y mi boca ya no pronuncia el dolor y por lo tanto, puedo desacelerar el tiempo porque todo incluso tú, se apaga en mis manos. Pero hoy no te quedaste, hoy que daban los Simpson en Fox y la oscuridad vino ágil a nuestra cama, porque es nuestra de tanto sueño. Hoy que pude decir que te quería. No te quedaste. 

Muy a pesar que hoy, cuando aún duermes (por el huso horario), releo a Rayuela de atrás hacia adelante y es como leerte desde de adentro hacia fuera y al fondo Goyeneche canta "Cuando no estás" y en el mundo a estas horas alguien muere de amor por Ébola y alguien nace y aun duermes, ignorando el ciclo perverso de la vida, por segundos, digo te amo y es un testaferro el que escucha.

Pero entre Rayuela y Goyeneche está tu aroma recién conjugado. Tu cuerpo yace como muerto entre las sábanas implícitas de un encuentro que me aturde. Promesa o castigo. Tu glúteo izquierdo, desnudo pisando la tapa de La Condición Humana de Arendt, entonces amar es condición, entonces aún cuando estás a estas horas en otra ciudad y despierto porque tu sueño es la palabra y la palabra es mi sueño. Estás.


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