POEMA DE EXILIO:


La diáspora no era irse a otra ciudad

cruzar el Atlántico
por cuenta propia
soñar en trenes de papel


porque
había una angustia de lluvia
que empozaba cada calle
cada casa
su cuerpo se hundía en mi boca
                                         de agua 
la locura y el juicio
estaban prohibidos
formaban parte 
de un complot solitario
de un performance
fotografiado en pleno movimiento



-ya no transcurría la segunda guerra mundial-
la guerra ahora
era una forma estilizada de convento
una lucha asexuada
de animales ciegos
que exige algo más que la muerte



-Arendt no huía de París una noche pluviosa de octubre-

-el país de Cristina no estaba ocupado por el ejército nacional-
pero cada vez
una mujer cerraba los ojos
y apenas una sombra
en forma de muñeca
    sonreía



la diáspora tal vez era

cruzar el Atlántico haciendo escala en Roma

beberse todo el ron del Caribe

en la travesía

olvidar el sabor de tus muslos a 40 grados centígrados



















a la sombra de mi boca
tocarte encima de mis libros
sellarte desde adentro
conmigo
mixtura conjugada
de abruptos deseos

y una noche 
de diáspora inconmensurable
alguien desconocido

huye a una Europa desmemoriada
porque una historia se repite
en los anales del mundo
cansado
balbuceando apenas
un nombre





la diáspora 
no es viajar
a solas al ras de las nubes

quizás
era olvidar

que mi lengua recorrió

ignorante



el griego antiguo

la conquista de Roma

la inmigración del norte hacia al sur

los trenes


tu cuerpo
          con un ciego abandono

palabras intraducibles

la abstracción

la estética







la diáspora entonces era conceder
                        un lugar a la palabra.













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