A JULIA


Habíamos perdido el tren a Toledo
la noche anterior dimos vueltas por la Puerta del Sol
bebimos en todos los bares 
me enamoraba de cualquier mujer que tuviera como tú
acento de extranjera
nos metimos directo en un bar de Chueca un poco por la publicidad un poco por el frío
un poco porque estabas parada delante fumando
entramos después que un grupo de mujeres entre toqueteos y risas 
eran marcadas con un sello en el brazo
gin tonic con sumo de naranja por favor
una cerveza para la sed
yo buscaba entre la gente tus ojos
negros como grandes nubarrones dentro de la oscuridad
sé que te llamaron Julia
y pinchaste la noche justo en el pecho
los grandes cuervos sobrevolaban mi ciudad al otro lado
donde era de día 
Julia como mi tía muerta
Julia como el nombre de una canción que se confundía
con Melina el nombre de otra canción
y así sucesivamente iban pasando los nombres de viejos amores
borrascas que habían terminado en bares de mala muerte
en moneda local diez cervezas para el olvido
tú sólo tomabas agua y una especie de reactivo químico
para adentrarte en los misterios de la electrónica del tablao
las mujeres gritaban canciones tu nombre 
era imposible no creer en la suerte después de viajar al otro lado del Atlántico
con el corazón destrozado y poca ropa en la maleta
Julia nos vimos en esa cola larga del baño
creí entonces que tu nombre era Alicia
la del cuento y yo el sombrerero
un gato que se arrastraba desde el fondo del bar con millones de mililitros de alcohol
viajando por el hueco de mi sangre vertiéndose en mi piel sudada
Julia tengo el sabor de tu perfume en los dedos
y era como si de pronto
pudiera pintar tu rostro con las yemas fotografiar exquisitamente tus ojos
al ritmo de alguna canción vieja que el público cantaba
tú en mis manos húmeda pegada al espejo tu camisa abierta
el sudor de tu cuerpo y afuera menos ocho grados
Julia en una cama de hotel tu espalda empinada suave arrastrándose
como el rumor de la ola tu tatuaje de mariposa en el hombro
el vuelo iluminado por la mañana que florecía en un hotel de Chueca
tu voz que aún resuena entre dos aguas
Julia o Alicia en el piso del restaurante japonés
el hueco de tu espalda como un escalpelo cortando mis manos
tu cabellera negra picoteando como cuervos mis ojos
besándome en esa calle de bilbao antes del metro después del metro
en el metro cerca del cuello en la boca junto a la dulzura
no te escuché pinchar después de esa noche
quería quedarme en tu cuerpo para siempre
y sólo fui herida.


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