Fue en la Galería de Arte Nacional mi primera vez frente a una obra original de Arturo Michelena, caminé en círculos entre varias pinturas -óleo sobre tela, agua fuente sobre papel esmerilado- pero volví sobre esa obra "La caridad", obscura, triste, llena de la enfermedd de cólera y ratones comiendo pan y una divina luz se posó en el ojo de aquella señora casi muerta, un ojo de lucidez y locura. Y así, con reminiscencias de esa primera vez y borracha de otros momentos y pinturas, emergió este poema que aún sabe a la Tierra de Nadie de la Universidad Central de Venezuela.




 FRAGMENTOS DE OBRAS

El ojo atemporal 

en la Caridad de Michelena,

los vendedores de porros en la plaza estudiantil

la estatua de un hombre santificado por la ignorancia 
en la avenida México,

cuando corrías las persianas

en los corredores de un manicomio con cuadros

y la soledad rompía tus venas

con sus estacas de hiedras



y luego la aquiescencia de un tú difuso

en la ranciedad de las calles de nuevo circo

esperando el bus de las seis

con las medias sucias

y un olor a aceite quemado en la ropa



León con zambos

con sombreros de mundial

en la radio pirata

de mis verbos





cocainómanos ciegos atravesando la ciudad





Patios con gallineros en óleo

fondo azul en la tapia vecina

cuchillos y alfileres

en amaneceres sucesivos

de un día que no llega



la Duquesa de la Sal en MAPFRE

un cigarrillo que impregna la penumbra

dos dedos acicalando los intestinos

en ondas de colores

una voz ebria en la parada del semáforo
la canción de la noche agolpada en los sesos
la coartada
para seguir caminando
sin perder la belleza.

Adriana Duré.




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